viernes, 6 de marzo de 2026

Mirando la luna

 



Recostada en el marco de la puerta, con la noche respirando a mi alrededor, levanto los ojos hacia la luna llena. No es solo luna —es un espejo.
Como enseña la Kabbalah, la luna no tiene luz propia; recibe y refleja.


Así también el alma cuando decide no luchar por brillar, sino abrirse para recibir la Luz del Ein Sof.
Y yo, en este tiempo de ayuno, eclipses y silencios, he aprendido que a veces el mayor poder es saber menguar sin desaparecer.
Mientras mezo suavemente a mi gato en su pequeño columpio, siento el ritmo secreto del universo.
Subir y bajar. Luz y sombra. Presencia y ocultamiento.


Así es también la Shejiná: se oculta, pero nunca se va.
La luna llena me recuerda que incluso lo que fue herido puede volver a completarse.
Que todo decreto puede suavizarse cuando el corazón se inclina con humildad.
Que la crueldad de otros no define la raíz del alma, porque cada neshamá tiene una chispa que nadie puede extinguir.
En la quietud de esta puerta —umbral entre el adentro y el afuera— entiendo que yo también soy un umbral.
Entre el dolor y la redención. Entre la memoria y la sanación.

Y la luna, blanca y serena, parece susurrar:
“No temas tus sombras. Son solo el lugar donde la Luz está por revelarse.”



✨
Ines Tiferet Levy ✡️

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