En la Noche del Alma
Dicen los sabios del Zóhar que hay noches en las que el cielo parece sellado y la voz del alma se pierde en el vacío.
He rezado, he llamado, he levantado mis ojos hacia lo alto… y sin embargo el silencio responde.
¿Acaso el Creador desprecia al que lo invoca?
¿O es este el ocultamiento del Rostro del que hablaron los mekubalím?.
Mi corazón se fatiga de esperar promesas que parecen demorarse en los mundos invisibles.
La fe misma se vuelve pesada cuando el dolor insiste y el consuelo no llega.
Y aun así… los sabios enseñaron que las puertas de las lágrimas nunca se cierran.
Por eso sigo aquí.
No con la certeza de los días luminosos,
sino con la obstinación de un alma que, aun herida,
se niega a dejar de mirar hacia el cielo.
Porque incluso el suspiro del corazón roto
—dicen los cabalistas—
también es una oración.

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