jueves, 4 de diciembre de 2025

Reflexiones


 A veces mi alma se siente atraída hacia personas que me hieren, y durante mucho tiempo pensé que era amor, destino o necesidad. Hoy entiendo lo que enseñan los mekubalim y la Kabbalah Ma’asit: no era amor, era familiaridad.


Mi alma buscaba patrones antiguos, ecos de la primera herida. Buscaba aquello que reconocía, incluso si ese reconocimiento venía del dolor. No estaba persiguiendo a la persona… estaba persiguiendo el tikkun que esa persona despertaba en mí.


Lo repetido no era deseo, era un mensaje.

Lo que dolía no era castigo, era un decreto que pedía ser cerrado.


Ahora lo veo: cuando uno es atraído hacia lo que hiere, es porque el alma quiere corregir, romper, elevar. No volver al pasado, sino liberarse de él. Y esa atracción intensa no era conexión, era la señal de que ese ciclo llegó a su fin.


Hoy honro mi proceso: dejo atrás lo familiar que duele, suelto lo que ya no vibra en mi destino, y elijo relaciones que nacen desde mi alma sana, no desde mis heridas.





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