No nací para perseguir la luz.
Aprendí a reconocerla cuando atravesé la oscuridad.
La Kabbalah enseña que la luz no siempre desaparece; a veces se oculta para obligarnos a convertirnos en la vasija capaz de recibirla.
Por eso ya no le temo a mis noches.
Sé que incluso allí, en el lugar donde parece no haber nada,
Ein Sof todavía respira.
Y cuando llega el momento,
la chispa recuerda quién es.

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