sábado, 25 de julio de 2026

El juicio de las Almas Altas



El Juicio de las Almas Altas


No todas las almas son juzgadas con la misma medida. A algunas se les concede una vida; a otras se les confía un abismo.


Cuando el Cielo pretende ocultar una luz inmensa, no la reviste de gloria, sino de pérdidas. La cubre de silencio, de puertas cerradas y de noches interminables, hasta que los hombres la llaman fracaso y sólo los ángeles reconocen su verdadera estatura.


No envidies la paz de quienes nunca descendieron. Ninguna estrella aprendió a brillar permaneciendo al mediodía.

 

domingo, 12 de julio de 2026

La Catedral de las Cenizas

 




La Catedral de las Cenizas.


No fue tu ausencia.


Fue descubrir que el templo donde yo encendía velas

para ti

estaba vacío desde el principio.


Yo escuchaba himnos.

Tú solo oías el eco.


Qué extraña liturgia es amar a quien nunca pronunció el mismo nombre del fuego.


Y, sin embargo...


Hubo noches en las que tus manos desmentían a tus palabras. 


Tus ojos se quedaban un segundo más. 


El silencio parecía elegir quedarse conmigo.


Por eso duele.


No porque te hayas ido, sino porque nunca sabré si abracé a una mujer o a la sombra de un amor que jamás nació.


Ahora camino entre vitrales rotos.


Cada recuerdo refleja una luz distinta, pero todos terminan en la misma oscuridad.


Dicen que el tiempo convierte las heridas en cicatrices.


No siempre.


Hay dolores que se vuelven arquitectura. 


Uno aprende a vivir dentro de ellos como quien habita una catedral abandonada, donde ya no desciende ningún dios, pero el incienso de las antiguas plegarias todavía flota en el aire.


Y algunas noches...


cuando el corazón olvida que debe sobrevivir,


todavía te llama


como una campana


que nadie responderá.

jueves, 9 de julio de 2026

Donde la luz aprendió a vestirse de luto

 




No toda tristeza viste de negro. 


La mía aprendió a vestir de silencio.


Hay noches en las que siento que mi corazón no late: cruje.


Como una puerta antigua olvidada en un castillo donde nadie pronuncia ya el Nombre. 


Las piedras recuerdan mejor que los hombres, y las ruinas tienen más memoria que los vivos.


He perdido demasiado en muy poco tiempo.


Un amor que prometía ser refugio y terminó siendo exilio. 


Una madre cuya ausencia sigue respirando dentro de mí. 


Una tierra llamada Israel que sangra como si cada herida abierta en Jerusalén encontrara una grieta secreta en mi propio pecho.


A veces ya no sé dónde termina mi tristeza y dónde comienza la de mi pueblo.


Dicen que el tiempo cura. 


No conocen el barroco de ciertas almas.


Hay dolores que no envejecen; únicamente aprenden nuevos idiomas para seguir pronunciándose.


Camino entre sombras como quien recorre un viejo templo incendiado. 


Las columnas siguen en pie, pero el fuego aún vive en la piedra. 


Así se siente mi interior: no destruido, sino carbonizado.


Todavía conserva la forma de lo que fue, aunque ya nadie pueda habitarlo sin quemarse.


Quizá la Shejiná también conozca este frío. Quizá el exilio no sea un lugar, sino un corazón obligado a seguir amando cuando todo parece haber abandonado la esperanza.


Y, sin embargo, hay algo inquietante en esta oscuridad. No huele a muerte. Huele a incienso consumido, a pergaminos antiguos, a una lámpara que se niega a extinguirse aunque el viento haya jurado apagarla.


Tal vez esa sea la condena de ciertas almas: no dejar de arder nunca, incluso cuando sólo quedan cenizas.

Consejos para un corazón intocable





 Consejos para un Corazón Intocable


No...


Claro que no quiero

que un día alguien te invite a quedarse,

te bese,

te llame amor,

y después descubra

que tu cuenta bancaria era el verdadero defecto.


No quiero que conozcas

la elegante humillación

de ofrecer el alma

y recibir un estudio de viabilidad financiera.


Ni que escuches

ese clásico inmortal:

"No eres tú..."

mientras ya redactan

el siguiente capítulo de la mentira.


No.


Ojalá jamás tengas que mendigar

una explicación,

ni descubrir

que algunas personas

usan el amor como una sala de espera

hasta que llega un tren

que les parezca de primera clase.


No quisiera eso para nadie.


Ni siquiera para quien

convirtió un corazón

en un currículum rechazado.