Confesiones de una neshamá mal diagnosticada:
Dicen que tengo TDAH.
Otros llaman Asperger.
Yo digo: Jojmá sin manual de usuario.
Desde pequeña me contaron que algo en mí no funcionaba.
Curioso, porque yo veía demasiado:
Las mentiras antes de que se digan,
las intenciones antes de que se vistieran de buenas maneras,
y el aburrimiento como una plaga espiritual.
El problema no era que no prestara atención.
El problema era que prestaba atención a todo a la vez.
Incluida la hipocresía.
En la escuela me pedían que me sentara quieta,
como si la luz obedeciese horarios.
Yo intentaba, de verdad…
pero mí mente ya estaba tres sefirot más arriba
mientras ellos todavía buscaban el cuaderno.
Me dijeron:
—“Concéntrate”.
Yo pensé: —“¿En qué universo?”.
Con los años entendió algo que ningún diagnóstico saca en letra chica:
No estaba rota, estaba sobreexpuesta.
Jojmá hablaba rápido,
Biná legaba tarde,
y Da'at aparecía solo cuando había verdad.
Lo superficial me expulsaba como alergia espiritual.
Claro que me llamaron "difícil".
Las almas simples siempre llaman difícil
a lo que no pueden dominar.
Descubrí que no tolero la mentira social.
No se falta de empatía,
se exceso de Guevurá interna.
Mi alma no negocia con lo falso.
Y eso, en este mundo, es considerado un trastorno.
Intento adaptarme.
Spoiler: no funcionó.
Cada intento de “normalizarme”
me dejaba más lejos de mí.
Hasta que entendió el tikún:
👉 no bajar la luz,
👉 sino aprender a ponerle aceite a la lámpara.
Dormir.
Comer.
Caminar.
Callar.
Elegir con quién hablar.
Milagros simples.
Kabalá aplicada.
Hoy ya no discuto con las rotulaciones.
Los dejo hablar solos.
Yo sé quién soy:
Una neshamá que no vino a encajar,
vino a señalar las esquerdas.
Si esto es una condición,
bendita sea.
Porque pitjor sería vivir cómoda
en un mundo que necesita despertar.

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