domingo, 21 de junio de 2026

Pensando






 



No Todos los Trenes Son Tu Destino.

Una reflexión cabalística sobre la atención dispersa y el arte de volver.

Según el Zohar, la realidad está hecha de fragmentos. Según el Ari, hay chispas dispersas esperando ser reunidas. 

Según Rabí Najmán, si te distraes mil veces, debes volver mil una.

Mi cerebro, por supuesto, interpretó estas enseñanzas de una manera muy creativa.
Intento concentrarme en una tarea sencilla y, de pronto, pasan todos los trenes posibles: 

El recuerdo vergonzoso de hace diez años, la conversación que debí responder, una preocupación absurda sobre el futuro, una canción pegajosa, una duda existencial, la sospecha de que olvidé algo importante y, por alguna razón inexplicable, la necesidad urgente de preguntarme qué fue de aquella persona que conocí hace quince años.

Durante mucho tiempo pensé que el fracaso consistía en distraerme.

Pero quizá el fracaso no sea que los trenes pasen.

Quizá el fracaso sea creer que debo subir a todos ellos.

Tal vez la atención no sea una fortaleza inquebrantable, sino un acto silencioso de regreso. Volver al libro. 

Volver a la conversación. Volver a la taza de café aún tibia entre las manos. Volver a la plegaria.

Volver a la tarea que quedó a medio hacer. Volver a uno mismo.

Y sí, hay algo de humor negro en todo esto. 

Los mekubalím hablan del tikkún, de reunir las chispas dispersas del universo, mientras yo intento recordar por qué entré a la cocina hace cinco minutos.

Pero quizá ambas cosas no estén tan lejos una de la otra.
Porque vivir también consiste en eso:

 Permanecer sentada en el andén mientras los pensamientos llegan con estrépito, anunciándose como urgentes, definitivos, impostergables.

Observar cómo algunos parten sin nosotros.

Descubrir que no toda idea merece obediencia, ni todo miedo merece asiento reservado.

Y comprender, finalmente, que la sabiduría no consiste en tomar todos los trenes que pasan.

Sino en reconocer cuál conduce realmente hacia donde queremos ir.

Y tener la paciencia —y la ternura hacia nosotros mismos— de esperar ese tren, aunque la estación esté llena de ruido.
 


 

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