La suerte no es tan azarosa como creemos:
Nos gusta imaginar el universo como un casino:
Lanzamos los dados y, si sale bien, tuvimos suerte.
Si sale mal, culpamos al destino, al karma, a Mercurio retrógrado… o a la señora que nos miró feo en el supermercado. 😆
Pero la física cuántica nos dejó una idea incómoda:
Que algo sea impredecible no significa que carezca de estructura.
Y entonces aparece mi pregunta favorita:
¿Estoy viviendo acontecimientos aleatorios… o estoy dentro de un patrón que todavía no sé leer?
Nuestro cerebro, además, es un fabuloso fabricante de conexiones.
No toda coincidencia es una señal cósmica.
A veces una coincidencia es simplemente una coincidencia.
El Ein Sof tampoco tiene obligación de organizar nuestro calendario para que todo parezca profundo. 😆
Pero la Kabbalah introduce una palabra fascinante:
Mazal — מַזָּל.
No simplemente “buena suerte”, sino una idea relacionada con influencias y corrientes que descienden hacia nuestra realidad.
Y junto a ella aparecen Shefa — שפע, el flujo, y Kli — כלי, el recipiente.
Porque quizá el problema no siempre sea que el universo no dé.
Quizá algunas veces no sabemos recibir.
Pedimos amor y no sabemos sostenerlo.
Pedimos abundancia y no sabemos administrarla.
Pedimos una nueva vida mientras seguimos defendiendo las estructuras que construyeron la anterior.
Entonces quizá cambiar el mazal no sea convencer al universo de que nos favorezca.
Quizá sea transformar el recipiente desde el cual recibimos la realidad.
Porque existe mazal, pero también existe bejirah: elección.
No elegimos todas las condiciones que recibimos.
Pero nuestra respuesta a ellas participa en la construcción de lo que viene después.
Una oportunidad puede aparecer.
Aprovecharla sigue siendo responsabilidad nuestra.
Una puerta puede abrirse.
Entrar sigue siendo responsabilidad nuestra.
Tal vez la verdadera pregunta nunca fue:
“¿Tengo suerte?”
Sino:
“¿Qué patrón estoy viviendo… y qué estoy haciendo para cambiarlo?”
Porque después de cierto número de Qelipot, una aprende algo:
el azar también tiene pésimo gusto cuando se disfraza de destino. 🖤

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