El misterio de las dos columnas
Hay rostros que no se dejan leer de una sola mirada.
El mío quizá pertenezca a esa categoría:
Feminidad fuerte, compacta y ambigua.
Un rostro donde Gevurah parece haber dejado su sello, mientras el cuerpo manifiesta a Malkhut con una evidencia que no necesita explicación.
No intento resolver la contradicción.
La habito.
Porque la androginia, contemplada desde el Sod, no tiene por qué significar ausencia de polaridad, sino la capacidad de sostener dos fuerzas sin destruir ninguna.
Gevurah y Chesed.
Límite y expansión.
Forma y esencia.
Masculino y femenino.
Y en el centro, Tiferet: no elegir entre las dos columnas, sino permitir que ambas encuentren armonía.
No confundas el recipiente con aquello que contiene.
Puedes mirar mi cabello y dudar.
Puedes mirar mi cuerpo y volver a dudar.
Puedes intentar clasificarme.
Pero tendrás que mirarme dos veces.
Y quizá ahí comience el Sod.
Porque algunas formas de misterio no fueron creadas para ser explicadas.
Fueron creadas para ser contempladas.
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