Manual de Supervivencia para Almas en Bucle
Hay personas que nacen para conquistar imperios.
Otras descubren vacunas revolucionarias. Y luego estamos nosotros:
Los elegidos para vivir la misma escena en diferentes temporadas, con distinto vestuario y exactamente el mismo problema.
Según la mística judía, podría llamarse tikkún. Según tu tía, es porque "no le haces caso a Dios".
Según el psicólogo, patrones repetitivos. Según tú, es martes otra vez.
Intentas avanzar y la vida responde:
"Interesante propuesta, pero antes revisemos este mismo examen por decimoséptima ocasión".
¿Dinero? En trámite. ¿Amor? Espere en línea. ¿Paz mental? Error 404.
Y mientras observas cómo otros anuncian ascensos, bodas y viajes a lugares exóticos, tú celebras haber logrado responder un mensaje pendiente de hace tres semanas.
Quizá sean las kelipot. Quizá el ocultamiento del Rostro Divino.
O quizá el universo tenga un peculiar sentido del humor.
Pero la tradición insiste en algo incómodo:
El bucle no es una sentencia perpetua.
Incluso el alma más cansada puede encontrar una grieta por donde vuelva a entrar la luz.
Aunque, si vas a atravesar el desierto espiritual, al menos que sea con café, una pizca de sarcasmo y la dignidad intacta.

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