domingo, 12 de julio de 2026

La Catedral de las Cenizas

 




La Catedral de las Cenizas.


No fue tu ausencia.


Fue descubrir que el templo donde yo encendía velas

para ti

estaba vacío desde el principio.


Yo escuchaba himnos.

Tú solo oías el eco.


Qué extraña liturgia es amar a quien nunca pronunció el mismo nombre del fuego.


Y, sin embargo...


Hubo noches en las que tus manos desmentían a tus palabras. 


Tus ojos se quedaban un segundo más. 


El silencio parecía elegir quedarse conmigo.


Por eso duele.


No porque te hayas ido, sino porque nunca sabré si abracé a una mujer o a la sombra de un amor que jamás nació.


Ahora camino entre vitrales rotos.


Cada recuerdo refleja una luz distinta, pero todos terminan en la misma oscuridad.


Dicen que el tiempo convierte las heridas en cicatrices.


No siempre.


Hay dolores que se vuelven arquitectura. 


Uno aprende a vivir dentro de ellos como quien habita una catedral abandonada, donde ya no desciende ningún dios, pero el incienso de las antiguas plegarias todavía flota en el aire.


Y algunas noches...


cuando el corazón olvida que debe sobrevivir,


todavía te llama


como una campana


que nadie responderá.

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